sábado, 30 de septiembre de 2017

No quiero hacerte el amor a oscuras nunca más

No quiero hacer el amor a oscuras nunca más, no si es contigo. Quiero ver cómo la luz del sol acaricia tu espalda desnuda, tus piernas sin fin. No deseo perderme el modo en el que me miras y me lo dices todo sin palabras, el modo en el que tus ojos cuentan historias y prometen aventuras inolvidables. No quiero que la oscuridad me oculte nada de ti, ni siquiera esa cicatriz que dices odiar, porque, aunque tú te creas imperfecta, para mí no hay nadie más perfecto que tú, sobretodo cuando estás en mi cama. No quiero perderme nada de ti, pero sí en ti. Quiero hacerte olvidar el paso de las horas, quiero que vivas en el presente donde solo somos tú y yo, todos los días. Simplemente quiero que, el resto de nuestras vidas sea así, tú, yo y mi cama, creando un microuniverso de caricias interminables y palabras susurradas a media voz. 

lunes, 14 de agosto de 2017

El combate continúa

A veces la vida puede ser muy puta. Cuando todo va bien, o al menos esa es la impresión que da, ocurre algo que te la trastoca, hace que tu vida dé un giro de 180º en una dirección no deseada. No sabes ni por dónde ha venido ese golpe, pero te ha dejado K.O. ¿Ha sido un gancho con la izquierda o con la derecha? ¿Acaso importa siquiera? Solo sabes que estás en el suelo boqueando por recuperar el aire, que el dolor se extiende y no desaparece. De acuerdo, Vida, has ganado el primer round, pero el combate continúa, no lo olvides.

lunes, 7 de agosto de 2017

Te necesité para no sentir el suelo

Necesité una mirada para querer más. Tus ojos grises, como una tormenta a punto de estallar, ocultaban mil misterios que yo quería desesperadamente descifrar.
Necesité una sonrisa para que mi corazón se descongelase. Y es que estoy convencida de que, si sonrieses al Polo Norte, este se derretiría más rápido.
Necesité una caricia para olvidar hasta mi nombre. Porque tú siempre tuviste ese poder.
Necesité un beso para ser adicta a ti. Dicen que una vez que te sientes invencible, buscas esa sensación constantemente, y así es como me siento cuando tú estás a mi lado. Invencible. Juntos.
Porque sí, tú eres mi adicción y yo soy esa que siempre va en busca de más para no sentir el suelo.

jueves, 27 de julio de 2017

Eres aire

Eres volátil y ligera. Te escapas de mis dedos como el aire. Estás ahí pero no puedo verte, no puedo atraparte. Eres como el viento, tan pronto me haces subir como bajar. Eres etérea y, de alguna manera,  inalcanzable. A veces eres como una ligera brisa que alborota mi pelo al pasar y otras, bueno, eres como un huracán que arrasa con todo. ¿Cuál vas a ser hoy?

miércoles, 12 de julio de 2017

Demasiado buena

- ¿Por qué duele todo tanto?
- Porque eres demasiado buena.
- Quizás debería empezar a ser más puta.
- Dudo que puedas.
- ¿Por qué?
- Porque no está en tu naturaleza y, aunque lo intentases, no serías como ellas.

miércoles, 14 de junio de 2017

Incendios y llamas

-¿Crees que haríamos buena pareja, tú y yo?
- Puede que en otra vida.
- ¿Por qué no en esta?
- Porque tú incendiarías todo a tu paso y yo bailaría entre las llamas.

domingo, 14 de mayo de 2017

La verdad que encerraban sus palabras

Recuerdo a aquella chica de labios rojo y sonrisa fácil que conocí hace unos años. Su sola presencia me hacía sentir como un colegial el primer día, nervioso y emocionado a partes iguales. La conocí una tarde de casualidad y, aunque solo estuvimos hablando un par de horas, me marcó lo que me dijo cuando estábamos hablando del amor.
-¿Cómo sabes que quieres a una persona? - le pregunté, sentía curiosidad por saber su respuesta.
-En el momento en el que te planteas si quieres a una persona es cuando la has dejado de querer.
No dudaste ni un segundo. Ni pestañeaste. Me sostuviste la mirada unos segundos, estaba sin palabras. No sabía que decir ante aquello, pero de repente soltaste una carcajada como si hubiese sido una broma y cambiaste de tema, pero ambos sabíamos que no lo era, que lo decías en serio. Y ahora me doy cuenta que no supe apreciar cuánta verdad encerraban sus palabras. 

viernes, 5 de mayo de 2017

La ciudad se pinta con lunares

El murmullo lo conforman risas histéricas, conversaciones transcendentales de la vida y sevillanas a todo volumen. Los cascos de los caballos resuenan contra el asfalto en un desfile único, alazanes, tordos o azabaches, nombra cualquiera que allí estará.
Mires por donde mires ves jovencitas ataviadas con volantes de colores, lunares dispares y sonrisas que combinan a la perfección con el ambiente. Ellos, tan dignos, chaqueta y camisa, y esa mirada que no sabes bien si es por el exceso de rebujito o por la extrema alegría que parecen sentir. 
Manos que roban manzanas de los árboles, vueltas que causan traspiés (sobretodo en la cuarta, para qué negarlo), palmas y taconeos que llenan las casetas cuando comienza la primera. 
La Portada enciende sus luces y se convierte en la estrella polar de los feriantes, indicando el camino que hay que seguir. Curro nos mira desde las alturas y, seguro que debe de pensar que somos unos locos, que en 25 años las cosas han cambiado mucho, pero que siempre Sevilla tiene un color especial, y que, por si no lo sabías, esta semana la ciudad se pinta con lunares.

jueves, 27 de abril de 2017

Nuestra historia

Ayer volví a contar nuestra historia. Después de cinco otoños viendo caer las hojas, después de cinco inviernos calentándome con los recuerdos, después de cinco primaveras estornudando al oír tu nombre y después de cinco veranos que han pasado, lo recuerdo todo con total claridad. 
Tú, con tu pelo alborotado jugueteando con las puntas del mío, sonriéndome como nunca antes lo había hecho nadie. Y yo, con un nudo en el estómago producto de los nervios y mi inexperiencia, te sonreí con timidez. Me susurraste al oído si quería dar un paseo y mi corazón dejó de latir unos instantes, creo que hasta me quedé sin respiración. Solo pude asentir. Tomaste mi mano y, acariciando mis nudillos con infinita dulzura, nos fuimos cogidos de la mano a algún lugar donde pudiéramos ser solo tú, yo y la luna reflejándose en el mar. Me miraste a los ojos y con una delicadeza de la que jamás te creí capaz, posaste tus labios sobre los míos. Eran cálidos y suaves. Recuerdo que cerré los ojos y me perdí en el momento. 
Y ayer, casi seis (¿o eran cinco?) años después de ese primer beso, volví a contar lo que fuimos, volví a contar nuestra historia. Tan solo éramos un par de chiquillos con ganas de querer y vivir el verano de nuestras vidas, y, aún sigo sin saber si para ti lo fue, pero, sin duda alguna, fue el verano de mi vida.

viernes, 21 de abril de 2017

No queda nada

Ya no quedan más abriles para ti, ni tampoco primaveras o veranos. No te quedan más palabras que decir, abrazos que dar o besos que recibir. Ya no te queda aire en los pulmones y tu corazón se va marchitando a cada latido. Ya no queda nada...
Si tuvieras un poco más de tiempo, ¿qué harías? ¿Realizarías ese viaje que siempre quisiste o te quedarías aquí disfrutando de esa rutina que, aunque tediosa a veces, te recordaba la gran vida que tenías? Si tuvieras más días, más horas, más minutos... todo sería distinto, pero no los tienes. Aunque eso no lo sabes aún. 
Si pudieras elegir, ¿cuáles serían tus últimas palabras? No sé lo que elegirías, aunque me gustaría saberlo. Puede que les dijeses a tus hijos que, donde quiera que estés, vas a cuidar de ellos siempre, porque eres su padre y eso no va a cambiar. Y a tu mujer, esa que cuando estaba contigo lo convertía todo en luz, esa que hacía que cada día fuese especial, le dirías lo siento. Sí, te disculparías, porque treinta años juntos no han sido suficientes y desearías tener más tiempo...
Tiempo, tiempo, tiempo... ¡Maldito tiempo! Ojalá se detuviese unos instantes, unos segundos solamente, y nos dejase respirar sin su constante respirar en nuestras nucas. Pero la vida no es así, no es justa y lo sabes, sino seguirías aquí.
Y así, sin previo aviso, tu tiempo con nosotros expiró y tu corazón batió por última vez. 

domingo, 26 de marzo de 2017

Quizás

¿Qué hubiese pasado si te hubiera dicho que sí? ¿Seguiríamos juntos o, por el contrario, nuestros caminos se hubiesen separado irrevocablemente como dos ríos que desembocan en océanos distintos? ¿Crees que hubiésemos sido felices, que hubiese merecido la pena?
Últimamente por mi mente solo rondan dos palabras: y si... Si te hubiese dicho que sí, quizás ahora estaríamos viajando en busca de ciudades en las que perdernos, para luego encontrarnos en caricias bajo la lluvia o en besos robados en bares de mala muerte. 
Quizás mis poemas versarían sobre nosotros, sobre cómo me sorprendiste con un cachorro en Navidad o sobre cómo robaste mi aliento cuando nuestros ojos se encontraron por primera vez.
Quizás e y si van de la mano, al menos en mi caso. Posibilidades que pudieron ser y no fueron, pero que permitieron que otras fuesen lo que son. 
¿Me arrepiento de no haberte dicho que sí? No lo sé, quizás. ¿Te arrepientes tú de haber aceptado mi no y no haber luchado por lo que podríamos haber sido, o eres feliz? Espero que seas feliz, siempre te has merecido ser feliz. Aunque quizás podríamos haber sido más felices juntos, ¿no crees? 
Quizás, si algún día nos volvemos a ver, te diga que sí, aunque sea ya sea tarde.

miércoles, 8 de marzo de 2017

Un empujoncito de valor

Cada mañana te veo coger el autobús. Normalmente escuchas música, pero si tengo suerte te encuentras con una amiga y puedo oír tu voz, oír como tu risa flota entre la gente que espera adormilada que llegue su parada, pero tú siempre pareces tan feliz, tan llena de energía que a veces parece mentira que sea un lunes.
Podría ir más tarde a mi destino, pero me gusta verte. Me gusta ver cómo miras por la ventana cuando llueve y cómo frunces el ceño cuando a tu lado se sienta esa señora que solo sabe hablar a voces. Podría decirte algo, un simple hola, pero no me atrevo. Me da miedo que te haya idealizado o que tú, con esos ojos negros, no te hayas ni fijado en mí.
Cada día me digo que hoy te voy a hablar, que hoy sí. Pero hace ya dos semanas que no te veo. ¿Dónde estás? Los viajes se vuelven tristes y monótonos sin ti. No sé si has cambiado de trayecto, de destino o te ha pasado algo. Solo sé que te echo de menos y que si te vuelvo a ver, no te voy a dejar escapar otra vez.


viernes, 17 de febrero de 2017

Primera lección

Recuerdo la primera lección que me enseñaste: "los que más te quieren serán los que más daño te harán". No consigo recordar si me reí o, sencillamente, te di la razón, probablemente un poco de ambas, pero por aquel entonces esas palabras no significaban gran cosa. 
Solías decirme que era una imprudente y que confiaba demasiado deprisa, también que quería demasiado fuerte y que algún día llegaría alguien que desbarataría mi mundo y dejaría mi corazón llenó de miles de cicatrices.
Siempre tuviste razón, pero me costó verlo, y ahora es demasiado tarde para recapacitar, ¿verdad? Ojalá alguien me hubiese dicho entonces que no solo me enseñaste algo, sino que pusiste en preaviso.

sábado, 4 de febrero de 2017

Decepción

- ¿Qué es lo peor que nos podría pasar?
- Que nos decepcionásemos el uno al otro y dejásemos de conocernos tal y como lo hicimos.
- ¿Crees que podríamos llegar a ese punto?
- No, creo que ya lo hemos superado y es hora de pasar página. 

miércoles, 25 de enero de 2017

Jugando al escondite

Jugábamos al escondite como si fuésemos el Sol y la Luna. Tú querías bailar bajo el manto estrellado y pedir deseos a las luciérnagas como si fuesen estrellas fugaces. Yo prefería sentir una cálida caricia en los párpados al despertar. Querías perderte entre las sombras y luces nocturnas de las ciudades, decías que ahí radicaba la belleza de las cosas, en los contrastes. Pero yo prefería ver las cosas a contra luz, viendo solo su mejor perfil, imaginándome cómo sería. 
Cuando yo decía Sur, tú decías Norte. Y así, sin pensar ni saber bien cómo, trastocamos la brújula que nos guiaba para encontrarnos en un mar de besos a media luz y palabras susurradas bajo las sábanas. Jugábamos sin importarnos las reglas, como náufragos perdidos que no quieren ser rescatados. Éramos un choque entre el verano y el invierno en pleno abril, como una furiosa tormenta en el desierto. Pero, sin duda alguna, éramos el mejor desastre natural.

jueves, 19 de enero de 2017

Me olvidé de volar

Me siento como un pájaro que no recuerda cómo volar, ¿es eso posible? Si me esfuerzo consigo recordar cómo era sentir el aire en la cara, ese nudo en el estómago antes de saltar al abismo, descender para luego alzarme y sentirme libre... Pero ahora no sé cómo lo hacía. ¿Es posible que después de estar tanto tiempo en esta jaula haya olvidado cómo era volar? ¿Cómo era ser yo?