domingo, 14 de mayo de 2017

La verdad que encerraban sus palabras

Recuerdo a aquella chica de labios rojo y sonrisa fácil que conocí hace unos años. Su sola presencia me hacía sentir como un colegial el primer día, nervioso y emocionado a partes iguales. La conocí una tarde de casualidad y, aunque solo estuvimos hablando un par de horas, me marcó lo que me dijo cuando estábamos hablando del amor.
-¿Cómo sabes que quieres a una persona? - le pregunté, sentía curiosidad por saber su respuesta.
-En el momento en el que te planteas si quieres a una persona es cuando la has dejado de querer.
No dudaste ni un segundo. Ni pestañeaste. Me sostuviste la mirada unos segundos, estaba sin palabras. No sabía que decir ante aquello, pero de repente soltaste una carcajada como si hubiese sido una broma y cambiaste de tema, pero ambos sabíamos que no lo era, que lo decías en serio. Y ahora me doy cuenta que no supe apreciar cuánta verdad encerraban sus palabras. 

viernes, 5 de mayo de 2017

La ciudad se pinta con lunares

El murmullo lo conforman risas histéricas, conversaciones transcendentales de la vida y sevillanas a todo volumen. Los cascos de los caballos resuenan contra el asfalto en un desfile único, alazanes, tordos o azabaches, nombra cualquiera que allí estará.
Mires por donde mires ves jovencitas ataviadas con volantes de colores, lunares dispares y sonrisas que combinan a la perfección con el ambiente. Ellos, tan dignos, chaqueta y camisa, y esa mirada que no sabes bien si es por el exceso de rebujito o por la extrema alegría que parecen sentir. 
Manos que roban manzanas de los árboles, vueltas que causan traspiés (sobretodo en la cuarta, para qué negarlo), palmas y taconeos que llenan las casetas cuando comienza la primera. 
La Portada enciende sus luces y se convierte en la estrella polar de los feriantes, indicando el camino que hay que seguir. Curro nos mira desde las alturas y, seguro que debe de pensar que somos unos locos, que en 25 años las cosas han cambiado mucho, pero que siempre Sevilla tiene un color especial, y que, por si no lo sabías, esta semana la ciudad se pinta con lunares.

jueves, 27 de abril de 2017

Nuestra historia

Ayer volví a contar nuestra historia. Después de cinco otoños viendo caer las hojas, después de cinco inviernos calentándome con los recuerdos, después de cinco primaveras estornudando al oír tu nombre y después de cinco veranos que han pasado, lo recuerdo todo con total claridad. 
Tú, con tu pelo alborotado jugueteando con las puntas del mío, sonriéndome como nunca antes lo había hecho nadie. Y yo, con un nudo en el estómago producto de los nervios y mi inexperiencia, te sonreí con timidez. Me susurraste al oído si quería dar un paseo y mi corazón dejó de latir unos instantes, creo que hasta me quedé sin respiración. Solo pude asentir. Tomaste mi mano y, acariciando mis nudillos con infinita dulzura, nos fuimos cogidos de la mano a algún lugar donde pudiéramos ser solo tú, yo y la luna reflejándose en el mar. Me miraste a los ojos y con una delicadeza de la que jamás te creí capaz, posaste tus labios sobre los míos. Eran cálidos y suaves. Recuerdo que cerré los ojos y me perdí en el momento. 
Y ayer, casi seis (¿o eran cinco?) años después de ese primer beso, volví a contar lo que fuimos, volví a contar nuestra historia. Tan solo éramos un par de chiquillos con ganas de querer y vivir el verano de nuestras vidas, y, aún sigo sin saber si para ti lo fue, pero, sin duda alguna, fue el verano de mi vida.

viernes, 21 de abril de 2017

No queda nada

Ya no quedan más abriles para ti, ni tampoco primaveras o veranos. No te quedan más palabras que decir, abrazos que dar o besos que recibir. Ya no te queda aire en los pulmones y tu corazón se va marchitando a cada latido. Ya no queda nada...
Si tuvieras un poco más de tiempo, ¿qué harías? ¿Realizarías ese viaje que siempre quisiste o te quedarías aquí disfrutando de esa rutina que, aunque tediosa a veces, te recordaba la gran vida que tenías? Si tuvieras más días, más horas, más minutos... todo sería distinto, pero no los tienes. Aunque eso no lo sabes aún. 
Si pudieras elegir, ¿cuáles serían tus últimas palabras? No sé lo que elegirías, aunque me gustaría saberlo. Puede que les dijeses a tus hijos que, donde quiera que estés, vas a cuidar de ellos siempre, porque eres su padre y eso no va a cambiar. Y a tu mujer, esa que cuando estaba contigo lo convertía todo en luz, esa que hacía que cada día fuese especial, le dirías lo siento. Sí, te disculparías, porque treinta años juntos no han sido suficientes y desearías tener más tiempo...
Tiempo, tiempo, tiempo... ¡Maldito tiempo! Ojalá se detuviese unos instantes, unos segundos solamente, y nos dejase respirar sin su constante respirar en nuestras nucas. Pero la vida no es así, no es justa y lo sabes, sino seguirías aquí.
Y así, sin previo aviso, tu tiempo con nosotros expiró y tu corazón batió por última vez.