viernes, 21 de abril de 2017

No queda nada

Ya no quedan más abriles para ti, ni tampoco primaveras o veranos. No te quedan más palabras que decir, abrazos que dar o besos que recibir. Ya no te queda aire en los pulmones y tu corazón se va marchitando a cada latido. Ya no queda nada...
Si tuvieras un poco más de tiempo, ¿qué harías? ¿Realizarías ese viaje que siempre quisiste o te quedarías aquí disfrutando de esa rutina que, aunque tediosa a veces, te recordaba la gran vida que tenías? Si tuvieras más días, más horas, más minutos... todo sería distinto, pero no los tienes. Aunque eso no lo sabes aún. 
Si pudieras elegir, ¿cuáles serían tus últimas palabras? No sé lo que elegirías, aunque me gustaría saberlo. Puede que les dijeses a tus hijos que, donde quiera que estés, vas a cuidar de ellos siempre, porque eres su padre y eso no va a cambiar. Y a tu mujer, esa que cuando estaba contigo lo convertía todo en luz, esa que hacía que cada día fuese especial, le dirías lo siento. Sí, te disculparías, porque treinta años juntos no han sido suficientes y desearías tener más tiempo...
Tiempo, tiempo, tiempo... ¡Maldito tiempo! Ojalá se detuviese unos instantes, unos segundos solamente, y nos dejase respirar sin su constante respirar en nuestras nucas. Pero la vida no es así, no es justa y lo sabes, sino seguirías aquí.
Y así, sin previo aviso, tu tiempo con nosotros expiró y tu corazón batió por última vez. 

domingo, 26 de marzo de 2017

Quizás

¿Qué hubiese pasado si te hubiera dicho que sí? ¿Seguiríamos juntos o, por el contrario, nuestros caminos se hubiesen separado irrevocablemente como dos ríos que desembocan en océanos distintos? ¿Crees que hubiésemos sido felices, que hubiese merecido la pena?
Últimamente por mi mente solo rondan dos palabras: y si... Si te hubiese dicho que sí, quizás ahora estaríamos viajando en busca de ciudades en las que perdernos, para luego encontrarnos en caricias bajo la lluvia o en besos robados en bares de mala muerte. 
Quizás mis poemas versarían sobre nosotros, sobre cómo me sorprendiste con un cachorro en Navidad o sobre cómo robaste mi aliento cuando nuestros ojos se encontraron por primera vez.
Quizás e y si van de la mano, al menos en mi caso. Posibilidades que pudieron ser y no fueron, pero que permitieron que otras fuesen lo que son. 
¿Me arrepiento de no haberte dicho que sí? No lo sé, quizás. ¿Te arrepientes tú de haber aceptado mi no y no haber luchado por lo que podríamos haber sido, o eres feliz? Espero que seas feliz, siempre te has merecido ser feliz. Aunque quizás podríamos haber sido más felices juntos, ¿no crees? 
Quizás, si algún día nos volvemos a ver, te diga que sí, aunque sea ya sea tarde.

miércoles, 8 de marzo de 2017

Un empujoncito de valor

Cada mañana te veo coger el autobús. Normalmente escuchas música, pero si tengo suerte te encuentras con una amiga y puedo oír tu voz, oír como tu risa flota entre la gente que espera adormilada que llegue su parada, pero tú siempre pareces tan feliz, tan llena de energía que a veces parece mentira que sea un lunes.
Podría ir más tarde a mi destino, pero me gusta verte. Me gusta ver cómo miras por la ventana cuando llueve y cómo frunces el ceño cuando a tu lado se sienta esa señora que solo sabe hablar a voces. Podría decirte algo, un simple hola, pero no me atrevo. Me da miedo que te haya idealizado o que tú, con esos ojos negros, no te hayas ni fijado en mí.
Cada día me digo que hoy te voy a hablar, que hoy sí. Pero hace ya dos semanas que no te veo. ¿Dónde estás? Los viajes se vuelven tristes y monótonos sin ti. No sé si has cambiado de trayecto, de destino o te ha pasado algo. Solo sé que te echo de menos y que si te vuelvo a ver, no te voy a dejar escapar otra vez.


viernes, 17 de febrero de 2017

Primera lección

Recuerdo la primera lección que me enseñaste: "los que más te quieren serán los que más daño te harán". No consigo recordar si me reí o, sencillamente, te di la razón, probablemente un poco de ambas, pero por aquel entonces esas palabras no significaban gran cosa. 
Solías decirme que era una imprudente y que confiaba demasiado deprisa, también que quería demasiado fuerte y que algún día llegaría alguien que desbarataría mi mundo y dejaría mi corazón llenó de miles de cicatrices.
Siempre tuviste razón, pero me costó verlo, y ahora es demasiado tarde para recapacitar, ¿verdad? Ojalá alguien me hubiese dicho entonces que no solo me enseñaste algo, sino que pusiste en preaviso.