sábado, 10 de diciembre de 2016

Teníamos fecha de caducidad

Disfrutábamos cada momento juntos, tú y yo, sin preocuparnos en exceso por nada ni nadie. Vivíamos cada día como si no hubiese mañana ni hubiese habido un ayer, solo nos importaba el hoy. Teníamos toda una vida por delante, juntos. Jamás se nos ocurrió pensar que fuese a ser de otra manera, pero empezamos a querer cosas distintas. Yo quería vivir en el presente, tú pensabas en el futuro y ambos nos perdimos en el pasado sin querer. Poco a poco nos fuimos dejando, fuimos dejando de ser un nosotros en mayúsculas y con luces de neón a ser tú y yo por separado. Dejamos de escribir nuestra historia juntos, para comenzar un capítulo diferente en nuestras vidas. Ojalá no hubiésemos sido simples puntos y a parte, sino puntos suspensivos, de esos que ves y sabes que nada ha terminado, que hay más cosas por contar. Sin embargo, cuando compramos nuestro amor se nos olvidó mirar la fecha de caducidad y, lamentablemente, esta llegó a su fin.

4 comentarios:

Patricia F dijo...

A mi me parece hasta bonito pensar que las cosas tienen un fin. Que van a durar eso: Tres meses, un finde, cuatro años. Y que incluso en el tiempo que duró aquello, hubo etapas (cuando estábamos bien, y cuando no). Me gusta pensar que siempre escribiremos capítulos nuevos, que nada es definitivo.

No sé. :) Aquí te dejo mi reflexión de total entrometida.

Un abrazo,
P. (De Demasiado Entrometidos)

Ícarus dijo...

La vida misma.

Lola Glez dijo...

Todo tiene un fin.
Lo que hay que ver es si es buen final, o no tan bueno.
Me ha encantado!

Marta Bartac dijo...

Asi es la vida, una vez eres la bala y otra la ceniza!

Todo termina, pero siempre hay algo mejor que empieza de nuevo para hacerte brillar.


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